15/10/16

Dos reseñas de N.K.Jemisin

Los cien mil reinos

Primero lo leí hace cinco años y recordaba que me gustó mucho. Entonces mi ritmo de lectura era más lento que ahora y su pequeña trama política se me hizo pesada porque yo quería estar todo el rato en la acción (creo que a veces no nos gustan los ritmos lentos porque siempre vamos con prisa) pero he guardado durante todos estos años un gran recuerdo de este libro, y sobre todo por uno de sus personajes secundarios. Así que decidí leerlo otra vez, algo que llevaba un tiempo pensando, y un domingo después de desayunar me acomodé en la cama con el libro, ese mismo día a la una y media de la mañana terminaba de leerlo.

Tendría que haber tenido más calma y paciencia, había muchísimas cosas que había olvidado, el libro era casi nuevo para mi memoria, pero mientras lo redescubría me llegaba algún recuerdo de algo que estaba casi segura de que iba a pasar y no podía dejar de leer, tal vez no es tan adictivo como lo describo pero con las ganas que le tenía y los buenos recuerdos para mí lo ha sido. Pero si de algo estoy segura es de que como libro de fantasía tiene el cielo ganado. Y de otra cosa estoy segura, no es tan malo tener una memoria horrible porque puedes volver a disfrutar de libros que sabes que te van a encantar, y a veces yo necesito eso, por muchos libros maravillosos y nuevos que haya por descubrir yo necesito algo que solo uno conocido puede darme: seguridad y confianza para momento en los que necesito un ancla.

Los cien mil reinos nos narra la historia de una chica que tras quedarse huérfana es convocada por su abuelo, el rey -no coronado- del mundo, para nombrarla heredera al trono. Y cuando un Arameri pide algo solo puedes obedecer, así que Yeine deja su hogar para ir al Cielo -ese maravilloso castillo que vemos en la portada- y enfrentarse al destino que quieran designarle. No tardará en darse cuenta de que lo único que podrá hacer allí será sobrevivir.

Los cien mil reinos nos habla de un mundo mágico controlado por los Arameri, de una lucha por sentarse en el trono del mundo con el mayor poder de la tierra, de la historia de tres dioses que crearon el universo, de una guerra entre esos dioses y lo que ha quedado de ellos: un dios vencedor, una diosa asesinada, y un dios derrotado y castigado con sus hijos a la esclavitud de los humanos. Y Yeine, como buena protagonista, tendrá un papel fundamental que ni ella misma conoce hasta la mitad de libro donde todos los secretos empiezan a destaparse y se pone en marcha la cuenta atrás.

Es un lectura muy ágil y sencilla, incluso la pequeña trama política que en realidad no tiene mucha importancia pero supongo que Jemisin intenta dotar de profundidad y realidad al mundo que ha creado con su política, sus religiones, sus leyendas y su magia. No es nada enrevesado así que entras en la historia y te mueves a través de ella muy fácilmente. Lo más importante son sus personajes y sus historias y creo que Jemisin los ha creado muy bien. Los Arameri son despiadados, Yeine es ingenua en su mundo pero aprende rápido y es fuerte; será arrastrada por la obsesión de descubrir quién asesinó a su madre y cómo sobrevivir a su familia, y destacaría a dos dioses: Nahadoth, el Señor de la Noche, condenado y esclavizado, débil de día, salvaje de noche en la oscuridad que le da poder pues él es la oscuridad, siempre terrorífico. No te atrevas a susurrar su nombre en la noche porque puede aparecer. No te enamores de su belleza porque te destruirá. Aunque los Arameri tengan a los dioses controlados, con la correa apretada al cuello, a veces alguien comete un error con ellos, al darles mal una orden y usar mal la magia, y los errores con los dioses se pagan con la muerte. Pero no seré yo quien les culpe de su odio y su brutalidad, han sido esclavizados, son torturados por humanos que tienen un poder que no les corresponde, yo también estaría enfadada. El Señor de la noche es una fuerza brutal contenida, como un animal enjaulado, y como personaje tiene una fuerza impresionante porque con lo poco que sale te seduce con su oscuridad y su peligrosidad desde la primera vez que aparece, es un personaje maravilloso. Luego está Sieh, uno de sus hijos, que conserva la apariencia y esencia de un niño, es inquieto, juguetón, travieso, muy cariñoso, tierno, un poco manipulador, casi olvidas que es un dios más viejo que el mundo, le da luz a la historia cada vez que aparece, es imposible no quererle. Y otra cosa que podría destacar es cómo describe física y sensorialmente a los dioses (porque no siempre tienen forma física definida y son mucho más que eso) y te lo imaginas a la perfección.

El final me sorprendió, me gusta que me sorprendan. Voy a empezar el siguiente con muchísimas ganas, aunque no creo que aparezca Nahadoth, la historia cambia de personajes, pero la ilusión me puede.


Los reinos rotos 

Todo ha cambiado desde el final del anterior libro, este continúa diez años después. Los hijos de los dioses ya no son esclavos pero tampoco son completamente libres, tienen normas que seguir para la protección del mundo humano, y ahora es Itempas quien ha sido castigado por sus pecados a vagar por el mundo como un humano hasta que el dolor y la furia de Nahadoth sean compensados. Tampoco es que esto sea un gran spoiler, los libros suelen acabar bien después de las tragedias y de que los protagonistas lo pasen muy mal, el final del libro anterior merece la pena si no lo has leído incluso sabiendo que lo consiguen porque realmente eso ya lo sabemos siempre, lo que no sabemos es cómo o a qué precio y eso es lo interesante.

La protagonista de este libro es una mujer muy especial, se llama Oree y lo más destacable de ella es que es ciega y lo único que puede ver es la magia como colores que cambian de intensidad y de forma según se use, tal vez por ese poder que le permite ver a los dioses -pues están formados por magia pura- es que se siente atraída por ellos y se rodea de hijos de los dioses, a veces queriendo y a veces sin poder evitarlo, pues pueden esconderse de ella. Y un día, en su apacible vida, aparece en el callejón de su casa un hombre tirado entre la basura, debería haberlo dejado allí pero ella siempre intenta ayudar a quien lo necesita y se siente irremediablemente atraída por el peligro. Y ese hombre, silencioso y huraño, peligroso más para sí mismo que para los demás, empieza a hacerse un extraño hueco en su vida.

Hasta que aparecen los problemas, alguien asesina a una hija de los dioses, pero se supone que ellos no pueden morir, y es Oree quien encuentra el cadáver, un cadáver al que le han arrancado el corazón, el primero pero no el último. Y empieza la marcha atrás hasta encontrar al culpable y que la furia de Nahadoth no arrase el mundo donde están asesinando a sus hijos, les concede treinta días antes de actuar él mismo. Por desgracia no veremos a Nahadoth, pero sí la vemos a Ella intercediendo por él y es maravillosa. Y Sieh aparece unas cuantas veces aunque está muy cambiado, pero claro, con los demás no se comporta como lo hacía con Ella y ahora es libre con todo su poder.

En este libro tratan mucho el tema de las religiones y la adoración a los dioses pues ahora hay muchos y el mundo también es libre de elegirlos, y profundiza en la fina y oscura línea que separa religión de secta peligrosa, la ambición, la creencia de poseer la verdad absoluta, el ansia de poder disfrazado de culto. Y lo peligrosa que puede llegar a ser la magia.

Al principio se me hizo la lectura un poco más lenta, muy introductoria, aunque tampoco tenía mucho tiempo para leer y si no puedo sentarme y estar al menos dos horas leyendo una novela se me atascan los capítulos y me cuesta hacerme a ella, puede que sea más problema mío que del libro, no sé. Pero también es cierto que leer a Jemisin es una delicia, que pasas las páginas sin darte cuenta, y cuando llega la acción es un no parar de ritmo y en ese momento me leí la mitad en un solo día. Y como siempre destaco sus personajes por encima de todo, aunque sus historias también son muy interesantes con el equilibrio justo entre lo predecible y las sorpresas -que siempre las consigue-, y además en este ha tratado muchísimo mejor el eje de las religiones/sectas que en el anterior la política. Me ha encantado Oree y su bondad y su fuerza, a veces más temeraria que valiente. Me ha gustado muchísimo el personaje de Itempas porque no me ha terminado de caer bien durante toda la lectura y así es justo como debe ser, porque es un dios torturado por su propia mente que ha cometido el peor de los pecados y ha estado solo muchísimo tiempo, odia a los humanos y no los entiende y se odia a sí mismo, le puede el orgullo, un personaje así no puede cambiar ni en trescientas páginas y no va a caerte bien porque es un capullo, pero tampoco es malo del todo, a veces vislumbramos su frágil y diminuto corazón y en esos momentos sentí pena por él, incluso con el horror de sus actos y su dura personalidad sentí pena por él y hasta ternura al final, justo al final. Eso me ha encantado.

Y el final otra vez me ha sorprendido y esta vez me ha roto un poquito el corazón, perfecto.



La editorial me ha contestado por twitter que no tienen planeado publicar la tercera parte (final) de esta saga pero aun así los recomiendo, Los reinos rotos tiene un final que puede quedarse ahí, sin más, aunque quede abierto pero en cada libro su historia termina solo que deja una puerta abierta para el siguiente. Y espero que, como mínimo, traigan más libros de esta autora porque me gusta mucho.

Voy a tener que aprender inglés solo para poder leer más libros.